Mis días de escuela.

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Mis días de escuela.

Mensaje por Héctor - FHPCI el Dom Sep 03, 2017 11:13 pm

...Pocas personas recordarán su primer día de colegio, yo sí que me acuerdo, no sé si es porque ese día estaba muy nervioso o porque tenía nueve años. Seguramente fue por las dos cosas. También tengo el recuerdo de la prueba que hice antes de empezar el colegio para evaluarme y ver en qué curso ponerme. Cosas que se le quedan grabadas a uno desde la niñez. Me metieron en segundo de primaria, un curso más que el que corresponde cursar con nueve años. Pero no obstante llegué a ese colegio público sabiendo más o menos lo que cualquier otro niño de mi edad podía saber: leer, sumar, restar, y de más conocimientos similares, que los adquirí con mucho esfuerzo y tesón en mi entorno familiar. Recuerdo las tardes que pasé sentado en mi habitación junto a mi padre repasando un día y otro esa cartilla de lectura, y el gran cuaderno en blanco, que con el paso de los años se llenó de matemáticas, desde lo más simple, hasta multiplicaciones y divisiones, pasando por largas sumas verticales para calentar mi mente, y así también aprovechar los cachos en blanco. Me costaba bastante aprender todo esto, recuerdo de algunas broncas que me echaban por no prestar atención, como las tablas de multiplicar, que me costó muchísimo aprendérmelas. En el tema de la lectura no me acuerdo que pasáramos de niveles después de la cartilla, y de una plantilla con el abecedario, excepto cuentos, o alguna otra lectura similar, aunque no me enteraba de mucho de lo que leía, ahora tampoco lo consigo porque tengo dislexia, tanto para leer como para escribir. Y no, los artículos no me los corrige nadie, lo hago yo con el programa Loquendo, (la voz robótica que usan los frikis para hacer videos tutoriales y colgarlos en YouTube), y con este programa me puedo dar cuenta de los grandes errores que cometo, y de esta forma consigo trasmitir exactamente lo que quiero con la escritura. Pero algunas veces este sistema que utilizo diariamente no es suficiente, las palabras que pronuncia mal Loquendo es porque las he escrito mal, entonces las modifico hasta que el corrector de Word me dice la palabra que quiero escribir, así y todo hay algunas palabras que no las consigo sacar con el corrector de Word, y tengo que copiar toda la frase en el buscador de Google porque este corrige las palabras por el contexto de su frase, cosa que en el otro no. A veces ni con esas, y le tengo que preguntar a mis padres como se escribe, y una vez que escucho pronunciar la palabra por otra persona se donde cometo el error, porque a hacerlo yo la palabra se reproduce en mi cerebro mal, igual que cuando hablo. A la hora de leer me lío cuando la lectura tiene doble sentido, como puede ser la poesía, o también si lo que estoy leyendo es más o menos complejo. Muchas cosas y algunos libros los he leído con Loquendo, porque tengo que estar muy concentrado para enterarme y prefiero que me lo lea el programa.



...Como estoy diciendo, también seguía estudiando con mi padre durante los años que estuve en el colegio y en el instituto. Lo hacíamos a nuestro ritmo, sin tener en cuenta mi clase, para tanto era que solo me compraron el libro del conocimiento del medio y solamente en los cursos de 5º y 6º de primaria. A parte de leer y hacer matemáticas todos los días, teníamos una cartilla que nos había regalado una tía mía, una cartilla de esas de la época que contenían conocimiento diverso. Y si, aunque ya nací unos cuantos años después de que pasase la dictadura franquista estudié con esos libros compactos, cosas muy raras que pasan en la vida de uno.

...Antes de empezar con mis días oficiales de escuela, tengo que decir que con 11 años no me admitieron en un colegio público. Cuando tenía esa edad mi familia y yo nos mudamos a un pueblo pequeño para tener una casa con terreno y así que disfrutase más andando de rodillas, y para que pudiese ir tranquilamente por la calle con el triciclo que al poco tiempo de mudarnos me compraron. A instalarnos en ese pueblo mis padres quisieron cambiar de colegio a mi hermano menor y a mí, para que hiciéramos nuevos amigos en el sitio que nos habíamos ido a vivir. Pero el colegio de ese pueblo no contaba con ningún asistente, y si eso fuese poco, la profesora que iba a tener en ese colegio admitió que no le hacía gracia que yo estuviese en su clase, hubiese asistente en el colegio o no, y que podía estar en su clase pero que no me haría ningún caso. Muy molestos por el panorama que presentaba ese cole, y sabiendo que en el que estaba iba muy bien, mis padres me siguieron llevando al mismo colegio, que estaba a diez minutos de distancia en coche desde nuestro nuevo pueblo.



...Al empezar a ir al colegio puede que a ciertos niveles no estaba como los niños de 2º de primaria, y a medida que iba pasando de curso me quedaba más atrás en ese sentido, porque aparte de que me pudiese costar más aprender que mis compañeros, solo iba dos días a la semana a la escuela, el resto de los días mis padres me llevaban a un centro de rehabilitación. A esos dos días que estaba en clase con mis compañeros hay que quitarle las horas que iba al aula de apoyo que contaba el colegio. Fue ahí donde escribí por primera vez yo solo, no lo hice con el ratón Trackball que ahora utilizo, mis primeras palabras las escribí con un pulsador que iba conectado al ordenador que había en el aula de apoyo, y pulsándolo mientras que hacía un barrido sobre un abecedario que tenía un documento de escritura especifico para eso podía escribir. Después de un tiempo yendo al colegio empecé a trabajar de esta forma con la profesora de apoyo que tenía, pero en las otras clases no era así, estaba en ellas poco más que de oyente, no me evaluaban de ninguna manera. A pesar de que creo que el trato que tenían conmigo esas dos tutoras que tuve durante 2º, 3º y 4º de primaria no era el más adecuado, no tengo un mal recuerdo de ellas, lo que pasó fue que no encontraron las herramientas adecuadas, porque si que recuerdo que me hacían preguntas, para hacernos sentir a mí y a mis compañeros que formaba parte de la clase. Aunque eran preguntas que surgían al momento, careciendo así de igualdad, porque cuando no estaba nada seguro de la respuesta que había que dar emitía un sonido esperando que ellas dijesen la respuesta correcta, porque ese sonido les pareciesen que fuese que les estaba contestando correctamente. Cuando no sabía lo que había que decir me ponía tan nervioso que ni siquiera podía pensar en pronunciar una palabra, y emitía un sonido largo como si estuviera diciendo algo con sentido, y más de una vez di en el clavo de esta forma. La suerte estaba muy equilibrada, porque si contestaba pensando que lo que iba decir sería correcto, al no entenderme, ellas decían lo que me estaban entendiendo, y entonces yo les movía afirmativamente la cabeza rectificando al momento sin que se diesen cuenta porque pensaba que me decían la respuesta que había que dar como otras veces, pero si esa vez no era así fallaba. Simplemente era un juego de acierto y error.




...A pasar a 5º de primaria mi situación como estudiante cambió, el profesor que tuve durante 5º y 6º tenia conocimientos informáticos, (fue una suerte encontrar a alguien que supiera de ordenadores cuando todavía faltaba unos cuantos años para que la informática se convirtiese en nuestro pan de cada día). Ese profesor de unos 40 años de edad no solo les comentó a mis padres que yo podía manejar un ordenador como cualquiera con un simple ratón, sino que también me hizo él el soporte para usar un ratón Trackball con la cara, me acuerdo que lo hizo en mitad de una clase, era algo más sencillo que el que tengo hecho por mi padre para poder llevarlo de clase a clase: el mecanismo consistía en dos rieles de un cajón de cocina, que estaban sujetos a una tabla estrecha con una bisagra, que junto a los dos rieles que se movían uno dentro del otro se podía regular la altura, porque el ratón iba pegado con una tabla al extremo de uno de los rieles. Resultaba más manejable que el que me preparó mi padre, pero los dos eran muy artesanos. Poco tiempo después el padre del director del colegio, que debía de ser carpintero, me hizo otro igual pero todo de madera, y sin recortes de tablas encontradas por cualquier sitio como los dos que me habían hecho, y barnizado, sin duda fue un trabajo de un carpintero, y aparte de que era mucho más agradable a la vista, tenía dos ventosas por debajo para así no tener que llevar los sargentos para sujetar el ratón al pupitre que me tocase estar. Una vez que mis padres me compraron el ordenador portátil empecé a trabajar en clase como mis otros compañeros, ya me podía mandar hacer ejercicios el profesor, aunque no eran al nivel de los otros, pero el trato que tenía él hacia mí ya era bastante similar que el que tenía hacia los demás, y eso es lo más importante, que no se exija en las mismas cosas, sino que a todos los niños se les exija que hagan el mismo esfuerzo. Aparte del portátil, como puse al principio solo llevaba el libro de Conocimiento del Medio porque era el libro que más contenido variado tenía, y por lo tanto más ameno se hacía de estudiar en casa, y encima seguramente sería la asignatura en la que iba más acorde con mis compañeros. En el ordenador portátil trabajaba bastante con el programa “Clic”, un programa educativo en el que se podía crear ejercicios de cualquier asignatura, con juegos de palabras, test, números, puzzles, etc. Lo malo que tenía este programa era que no se podía escribir en ninguna de sus áreas, y por lo tanto era mucho de acierto y error, así que cuando no estaba con nadie que me dijese que me fijaría lo hacía todo rápido y sin quedarme con nada del contenido en la cabeza.



...De niño era muy tímido igual que lo soy ahora. Esto igual choca un poco a mis lectores, a los que saben que me encanta ir de festivales y conocer a gente allí, y poco tiempo después irme a sus casas a pasar unos días. Pero eso solo pasa cuando se crea una sintonía de amistad, básicamente como todas las personas, pero como alguna vez he dicho tengo una timidez complicada: esto significa que no me siento a gusto hablando con algunas personas, y los profesores eran unas de ellas, no era porque me cayesen mal, no sé porque me pasaba eso, supongo que igual que no me gusta hablar con mis amigos cuando estamos conversando en grupo, no me gusta hablar cuando hay mucha expectación, aunque sepa seguro que solo sea hacia mí, y no hacia mi discapacidad, como en el caso de mis amigos o de mi entorno familiar. Cuando se dan esas circunstancias me pongo muy nervioso, y pronuncio peor y me atasco en las palabras, como cuando discuto con alguien, que también me pasa. Con todos los profesores menos con los de apoyo me sucedía eso. Con los compañeros de clase me pasaba con algunos y con otros no, con esos el trato era tan normal que tuve una “novia”: Aunque sea un recuerdo inocente igual que muchos de la niñez de uno, me parece muy interesante contarlo. Durante los dos últimos cursos de primaria tuve una amiga que decíamos que éramos novios, y hacíamos cosas como tales: pasábamos mucho tiempo juntos, en los recreos me recorría el colegio porque los pasaba con ella y me sabía llevar con mi silla de ruedas sin ningún tipo de problema, hablábamos mucho y me entendía todo perfectamente. Cuando nos quedábamos solos nos besábamos, y al subirme  a los pisos superiores del colegio nos gustaba ir juntos porque me tenían que subir con un salvaescaleras que funcionaba de forma manual, de esta forma tenía que empezar a subir 15 o 20 minutos antes de los demás porque el salvaescaleras era lento, y encima venían desde La Cruz Roja a ayudarme porque la asistente que tenía en el colegio no quería hacerlo, así que había días que nos quedábamos unos minutos solos en la aula. También recuerdo de dos compañeros que pasábamos mucho tiempo juntos, igual que mi amiga me entendían genial, y sabían manejar mi silla de ruedas.



... No me suena que esos niños tuvieran algún familiar con diversidad funcional para encontrar una explicación rápida al porque les gustaba más estar conmigo que jugando con los demás niños, que sin duda sería de esperar de cualquier niño, que en su balanza le pese más su inocencia y que les hagan irse donde les sean más fácil desarrollarse como niños. De los demás compañeros de mi clase no tengo malos recuerdos de ellos, eran buenos niños conmigo, venían donde mi a saludarme y a preguntarme como estaba, lo que pasó fue que no surgió la verdadera amistad, y preferían estar jugando con otros que buscando formas de divertirse mientras estaban conmigo. Lo mismo puedo decir de los niños de mi barrio, que algunos venían casi todos los días de la semana a preguntar por mí a mi casa, para estar toda la tarde jugando a lo que fuese, mientras otros nunca se quedaban a solas conmigo. Pasé muchas horas juntos o por separado con esos amigos: jugando a la PlayStation 2, andando en bicicleta, echando un partido de fútbol en mi jardín donde yo jugaba de portero de rodillas, o pasábamos el tiempo hablando de las putadas que les íbamos hacer a los demás. A lo que más jugábamos era a la “Play 2”, yo jugaba con el volante de esta consola, y no solamente podía usar los videojuegos de coches, también jugaba a fútbol, o a GTA San Andreas, a este último era muy gracioso verme jugar, cuando se me explotaba el coche tenía que ir dando saltos hasta robar otro coche, y si eso pasaba en mitad del monte resultaba todavía más gracioso, al no encontrar ningún vehículo y como tardaba mucho en andar, me acababa por suicidar en algún acantilado o buceando en un río para resucitar en la puerta de un hospital.



...Como veis, no le doy mucha importancia a los niños que no quisieron pasar de ser más que mis compañeros, ¿o acaso vosotros en el colegio no teníais compañeros porque todos fueron vuestros amigos? A todos nos gustaría que nuestros pequeños creciesen en una utopía, pero ya sabemos que muy lejos de eso, han venido a parar nuestros hijos a este mundo. Yo creo que si no hay cosas raras tipo bullying no se debe sacar las cosas de contexto, porque hasta los niños más “populares” y los más “guays” tienen compañeros que ellos no les caen bien. Con esto no quiero decir que no se tenga que buscar estrategias de inclusión, como puede ser patios con estructuras que permitan jugar en ellas cualquier niño. Y a la hora de la clase seria genial una asignatura de lenguaje de signos y ya aprovechar a tratar el mundo de la diversidad funcional, o si hay algún compañero que necesite ayuda se puede invitar a sus compañeros a que le echen una mano. Estrategias que se tienen que hacer en un tono para intentar encontrar la normalización de las personas con diversidad funcional, pero yo creo que en ningún caso se debe de llevar acabo en busca de sensibilizar a nadie,  porque después eso lleva a comportamientos paternalistas y condescendientes, esos que tanto nos pueden llegar a ofender. No obstante el término normalizar ya lleva consigo el del sensibilizar, pero en su justa media. Hoy por hoy me sigue pasando lo mismo que me pasaba en el colegio y en mi barrio: en Murcia con todos me llevo muy bien, pero con algunos tengo mucha más confianza que con otros, me ha pasado de conocer a alguien y a la siguiente vez que vuelvo a Murcia me invitan a sus casas, o me autoinvito yo, y sin ningún amigo para que no se haga la instancia tan personal, independientemente de que sea amigo o amiga quien me vaya a ayudar a hacer mis necesidades. Con otros amigos les conozco desde hace muchos años más y no tenemos confianza para hacer eso. O cuando voy a Murcia tengo que quedar obligatoriamente con algunos, y con otros si nos vemos genial y sino pues para la siguiente vez que vaya. Pero esto es el pan de cada día a la hora de socializarnos, y por supuesto también tiene que ser para las personas con diversidad funcional.



...En el instituto también tuve buenos compañeros, pero no tenía amigos. Contradiciéndome un poco a mí mismo, no hice amigos por un error. El error fue que solo estaba con mis compañeros durante las clases, los recreos los pasaba con el asistente que tenía escuchando música y viendo porno en el aula de apoyo, o en una esquina del patio, mientras que hacíamos comentarios similares a los que hacíamos en el aula de apoyo, pero ahí los comentarios estaban pensados en las profesoras y en las estudiantes que había en el patio. A pesar de que ese señor no era educador, es muy penoso que alguien que esté trabajando en un centro educativo tenga esa confianza con un usuario, aunque ese usuario se muera de la risa y le tire de la lengua para que siga diciendo tonterías, como era el caso. Nunca le dije que me llevase a donde los compañeros que mejor me llevaba, los que se sentaban conmigo en clase y hablábamos lo poco que una clase te lo permite, incluso hablábamos menos porque yo era un chaval muy tímido y sino me hablaban los compañeros yo no iniciaba una conversación. ¿Y porque no le decía al asistente que quería estar con esos compañeros durante el recreo? Por timidez, y por miedo al rechazo. Estoy seguro que la culpa de no conseguir mi inclusión en el instituto por un lado fue mía, (bueno, la de un chaval inocente que se puede discutir si pudo haber hecho algo más por su parte), pero principalmente la culpa la tuvieron los profesionales que había en ese instituto. Y no, no me estoy contradiciendo tanto, y no lo hago porque algunos de mis compañeros eran muy buenos compañeros conmigo: como acabo de decir, en clase hablábamos, comentábamos lo que estaba haciendo en el ordenador, los días que faltaba el asistente eran ellos los encargados de llevarme a las clases y de ponerme el portátil y el ratón, o a llevarme a conserjería a la hora del recreo para que lo pasase allí con los conserjes porque esas eran las ordenes. Es triste estar viendo que hay posibilidades de lograr la inclusión en un niño que tiene problemas para hacerlo y no ayudarle a conseguirlo por el simple hecho de no dejarle intentarlo por él mismo. Porque ya no fue que tuviesen que buscar estrategias para que mis compañeros me viesen de igual a igual, que como os digo varios de ellos me veían así, y eran muy atentos conmigo. Muy probablemente solo faltó una señal de libertad en forma de un poco menos de sobreprotección para lograr mi inclusión en el instituto. Para tanto es, que en primero de la ESO estaba en la misma clase que mi amiga del colegio, esa que me llevaba por todo el colegio y decíamos que éramos “novios”, pero en el instituto no teníamos relación fuera de la clase. Recuerdo que en el colegio de pasarme más de un recreo solo en el patio cuando no estaba conmigo esa amiga o esos dos amigos que mencioné antes, y aunque no me acuerdo de mis primeros recreos, pero más o menos debieron de ser así. Seguramente esté mal visto porque es triste dejar a un niño que está en una silla de ruedas que pase todo el recreo él solo, pero muy probablemente gracias a eso tuve amigos en el colegio.



... No se me ocurre decir mucho más que mi experiencia, como mi perspectiva, y esas cuatro simples ideas para trabajar en este tema complicado de conseguir la inclusión en las primeras etapas de la vida, que tampoco es mucho más incierto que como cualquier otro tema que implique la voluntad del entendimiento entre nosotros y terceras personas.

...No he hablado de cómo me fue con los profesores de ese instituto público donde estuve, ni como me sirvió ese mecanismo que me hizo mi profesor de 5º de primaria para que fuese un estudiante más. Desde que escribí mi primer artículo me acuerdo mucho de su título: «En mi primer artículo hablo de los Transportes Públicos y mi experiencia en ellos, (que como todo en esta vida, está condicionado por la calidad humana de quienes son el último eslabón de una cadena que trata cara a cara con la ciudadanía)». Y por supuesto también pudo haber sido el titulo de este. El porno que dije antes que veía con el asistente también me lo ponía en la mayoría de las clases. Algunos profesores por comodidad o por desconocimiento hacia mi persona, me dejaban hacer lo que quisiese. Igual que si fuese un bebé, un bebé que tanto de aquella y como hoy por hoy es capaz de llevar una vida de lo más normalizada, siempre cuando esté rodeado de gente que no tiene ningún pudor a la hora de tratar con la diversidad funcional. En aquellas clases a penas me saludaban los profesores cuando entraba al aula, o mientras que entraban ellos y el asistente me estaba colocando sistemáticamente el portátil, como lo hacía clase tras clase, mientras que el profesor estaba esperando a que se marchase para empezar la clase. Da mucha pena que a un niño no se le ayude a desarrollarse como personita, tenga las habilidades que tenga para conseguirlo, puesto que cuanto más se le ayude más cerca estará de ello. Esto parece de sentido común, sobretodo si te dedicas a la educación, y si además estás viendo que el niño que tienes en el aula sabe manejar el ordenador mejor que tú, pero la mayoría de los profesores tenían ese trato conmigo sin creer en mí. Por suerte en mi vida ha habido personas que han sabido creer en mí, y en cualquier ámbito que nos hayamos encontrado: al contrario de esos profesores, algunos intentaron aplicarme su librillo. Los que lo intentaban me llevaban trabajos en un disquete, ese cuadrado negro de plástico y plano, que dio paso al pendrive, (y los profesores que no sabían de informática me decían que pusiese el programa “Clic” para ver que ejercicios tenía ya hechos y ver si había alguno parecido a lo que estaban dando ellos en clase, porque aparte de poder hacer ejercicios, tenía muchos ya hechos tanto de primaria como de secundaria). Los contenidos de esos disquetes eran muy simples comparados con los trabajos que les mandaban a mis compañeros, porque aparte de ir solo dos días a clase como en primaria, continuaba yendo unas horas con la profesora de apoyo, perdiendo todavía más el hilo de mi clase, así que cuando estaba en cualquier clase con todos los demás no sabía ni por donde me pegaba el viento, y sí, estoy con vosotros, si hubiese estado atento en vez de haberme pasado viendo porno en las clases de esos profesores que no creían en mí hubiese sacado un mínimo de provecho, pero cuando un adolescente pícaro le dicen los adultos de una forma no verbal que es caballito blanco no se puede esperar otra cosa de él. Y así es, porque en las clases de esos profesores que intentaron aplicarme su librillo no podía ver aquellas fotos, no porque en esos librillos no se permitiese que cualquier niño sacase una revista porno de su mochila y se pusiera a verla encima del pupitre, que también, era porque durante sus clases tenía que hacer las tareas que me ponían, algunos también me mandaban trabajos para hacer en casa, recuerdo de algunas caras serias cuando no había hecho los deberes, de aquella eran profesores amargados, ahora son unos profesores excelentes, cosa de la madurez que va cogiendo uno con los años supongo.



...Los que me mandaban deberes para hacerlos en casa seguramente era porque se lo mandaban a los otros, cosa del gran debate, mandar deberes para hacer en casa o no:  existe una ley no escrita que no le permite a nadie meterse con el librillo que tiene cada maestro, pero me encantaría de verdad, que de este foro saliera otra ley no escrita, en la cual imponga moralmente a los profesores el deber profesional de aplicar el librillo que tenga cada uno a los alumnos con diversidad funcional, y lo tendrán que hacer en la medida que la diversidad que tenga cada  niño se lo permita, obviamente. En las clases que me las pasaba viendo porno todos los profesores lo sabían, porque aunque lo ponía en silencio y todas las tías estaban muy buenas, siempre había unas más potentes que otras, y eso se notaba en las caras de los compañeros que tenía detrás o en las risas de estos. Qué pena que ninguna vez le mandaron a ningún compañero mío a que me llevase donde el director, para que yo le contase el suceso, porque con esa experiencia personal hubiera pegado un tirón madurativo, que ni estudiando durante todo un curso entero con esos profesores que me trataban como a un bebé hubiese conseguido. El profesor que haga eso estará matando dos pájaros de un tiro, porque sin duda seria una estrategia genial para que los jóvenes vean con la normalidad y con la sencillez que se puede tratar a las personas con diversidad funcional.



...Quiero mencionar a la profesora de física y de química que tuve en tercero de la ESO, no fue la única que intentó que dentro de las circunstancias fuese un estudiante más, pero fue la que más tiempo me dedicaba. Yo iba una hora a la semana a física y otra a química, no recuerdo cuantas horas eran para los demás, me imagino que no muchas más por ser las asignaturas que eran, pero cuando estaba en su clase se ponía a escribir en la pizarra los ejercicios que sus alumnos quería que irían haciendo mientras que ella estaba conmigo trabajando. Me acuerdo de alguna vez que se enfadó con algún chaval por interrumpidla antes de que todos los demás acabasen de copiar y de hacer los ejercicios de la pizarra, ella les tenia dicho que los días que estaba yo, que me quería dedicar un tiempo. No soy un tío de números, (ni de letras), así que no me acuerdo de nada de lo que aprendí en física o en química, pero lo que nunca olvidaré es que esa joven profesora se tomó mi enseñanza tan enserio o más que los que tenían posibilidad de aprobar con ella, cosa que yo no tenía la más mínima, puesto que durante el colegio y el instituto nunca intenté hacer un examen oficial. Si os soy sincero me avergüenza no acordarme de lo que esa profesional me enseñó con tanto amor, pero siempre le estaré agradecido a ella, a su vocación por no buscar los mejores resultados de su clase, sino que buscó el bien común de toda su clase.



...Tengo que confesar que aunque el porno que veía en algunas clases estaba justificado por unos profesores incompetentes, yo tampoco era un alumno ejemplar: a mi profesora de apoyo del instituto me gustaba tomarle el pelo. Esta señora no entendía nada de informática, y de vez en cuando cambiaba de carpeta los trabajos que teníamos y le decía que se habían movido ellos solos, cuando lo hacía yo para perder un poco de tiempo en buscarlos y para hacer la gracia. Recuerdos de un adolescente pícaro sin duda. Esta profesora estuvo durante un buen tiempo de baja, y en ese tiempo fueron dos sustitutas, me acuerdo que una de esas dos me “dejaba” todavía más tomarle el pelo por la actitud que tenía conmigo. Aunque al contrario que los profesores que me tenían aparcado en sus clases sin hacer nada, esta trabajaba conmigo, pero también me seguía tratando como a un bebé, al hablarme como tal: cuantas veces le preguntaría que si estaba cansado a ese chaval incansable que era yo, incansable tanto para andar en mi triciclo, como para jugar de portero, o para estar horas y horas y horas sin parar jugando en el ordenador. Si a un chaval le dices día tras día que igual es mejor que deje de trabajar porque estará cansado, al final dejará de trabajar, pero no por escaquearse, sino porque esa persona le está metiendo mano al subconsciente del chaval para que realmente se sienta cansado. Muchos detalles como ese tenía esa chica que dejaba mucho que desear como una profesora de apoyo, que su principal labor tenía que ser la de trabajar e invitar al joven en cada momento que pasase con él para que él se superase a cada instante. Con la otra chica que llegó al instituto por la baja de mi profesora trabajaba mucho, tengo un buen recuerdo de ella, también hablábamos sobre temas que le puede inquietar a cualquier adolescente que está en silla de ruedas, y lo hacíamos en un tono que era enriquecedor para los dos. Unos años más tarde de haber cubierto esa baja se presentó en mi casa, cosa que me sorprendió mucho, porque como dijo ella, solo se acordaba del nombre de mi pueblo y del modelo del coche de mi madre, (un Fort Ka, un coche bastante llamativo), y preguntando en los bares de un pueblo que tiene 27 barrios desperdigados por el coche de mi madre, y por su hijo que va en silla de ruedas (que todavía es mucho más llamativo que su coche) me encontró y me hizo mucha ilusión verla de nuevo.

...Y así pasé mis días de escuela. Básicamente como ahora paso mi vida, rodeado de gente hecha para mí y con gente que no está hecha para mí, lo que pasa es que hoy tengo la libertad y la seguridad en mí mismo de quedarme con la gente hecha para mí, y de alejarme lo máximo posible de la que no está hecha para mí.

Se podrá mejorar más o menos el sistema educativo, pero el niño siempre estará a merced del profesor de turno.

Héctor - FHPCI
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