Una vida social sin timidez: «A mí me gustan que mis “hadas madrinas” me conozcan, por lo menos antes de tener que pedirles que usen sus mayores “poderes” para que me ayuden ».

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Una vida social sin timidez: «A mí me gustan que mis “hadas madrinas” me conozcan, por lo menos antes de tener que pedirles que usen sus mayores “poderes” para que me ayuden ».

Mensaje por Héctor - FHPCI el Mar Mar 17, 2015 6:38 pm



  Cuando nos compramos una entrada con mucho tiempo de antelación, siempre nos da una dosis de alegría al verla, mientras que llega el día esperado. Desde las navidades me vienen dando pequeñas dosis de alegría, al fijarme en la carpeta de Documentos de mi ordenador, donde tengo un documento en PDF, que se llama Viña Rock. Ahí tengo guardada mi entrada para el Viña Rock, un festival con gran renombre, que se celebra en mayo, durante tres días en Villarrobledo (España). Yo ya tengo dos pulseras de ese festival, y como ya he dicho una entrada, que la canjeare el mismo día que empiece el festival, por la que será mi tercera pulsera de ese festival. Tengo más pulseras festivaleras, cada una con historias personales, quizás en otros escritos me atrevo, y os relato alguna de esas historias personales, por si algún joven cibernauta en mis mismas circunstancias anda buscando calmar sus inquietudes, llegase a leer este foro. Pero esta vez voy a contar como llegue al concierto las dos veces que he ido, y mi intención de con quién quiero ir este año.

... Cuando se tiene amigos que viven lejos, los festivales se convierten en puntos obligatorios de reencuentro entre esos amigos que, a pesar de vivir a cientos de kilómetros sigues manteniendo la amistad. Sobre todo el Viña Rock, que se celebra más o menos en el centro de la Península Ibérica. Yo vivo en el norte de la península, y para llegar a este festival tengo que atravesar más de media península, concretamente tengo 630 KM desde mi pueblo hasta Villarrobledo, el pueblo donde se viene haciendo el Viña Rock. En el primer año fui en tren, hice trasbordo en Madrid. Todavía no había hecho ningún viaje con trasbordo, pero viajé tranquilo porque en esta ciudad vive un primo mío, y quedé con él para que me ayudase a hacerme entender por el personal de Atendo, y para que me acompañaría a la hora de ir al servicio. Ya en Madrid nos dimos cuenta de que al comprar los billetes, el teleoperador había tenido un gran error. Nos dijeron que la estación de Villarrobledo no está adaptada, ni tampoco cuenta con el servicio de Atendo, y que entonces no pueden viajar las personas que tenemos que ir en silla de ruedas. Después de un rato mirándonos con cara de bobos, mi primo decidió llevarme, y mientras que duró el festival se quedó en una casa de unos amigos de él, para terminar de ayudarme a resolver el contratiempo. El año pasado la estación seguía igual, los rockeros que tenemos que ir al Viña Rock en silla de ruedas, tenemos que llegar por otras vías.

   Creo que no me quedaban muchas más formas para tener mi segunda pulsera de este festival que la que escogí. Blablacar no siempre es una alternativa de viaje para las personas que tenemos que ir en una silla de ruedas, son dos factores los que hacen que esta forma de viajar pueda llegar a ser una alternativa de desplazamiento para las personas que vamos en silla: 1º, qué el vehículo del anunciante del viaje sea lo suficientemente amplio para que entre nuestra silla. Y 2º, qué el conductor sea una persona abierta, y sin miedos a compartir un viaje con alguien con diversidad funcional. Encontré este viaje a menos de una semana del festival, y tuve suerte. Quedé con mi deseado compañero de viaje un par de días antes del día de salida, porque no me parecía bien presentarme siendo consciente que en mi caso el problema no era solo tener que viajar con mi silla. Me acompañó mi padre al parking donde había quedado, y fui con mucho miedo por si los dos factores no fuesen validos, mi frustración sería mucho mayor al no poder ir de festival. Pero resultó que los dos posibles factores negativos fueron positivos, más bien se compensaron entre los dos. El coche era normal, (un Opel Astra, si no recuerdo mal), a pesar de que ya tenía a otros dos viajeros confirmados, y que ya se sabe que ir a un festival no es como ir a un hotel, que los cuatro teníamos que ir cargados hasta con nuestras “camas” no puso ninguna pega, ni mala cara. Tampoco puso mala cara cuando le dije que si me podría dar unos sándwiches a la boca por mitad de camino.

... Este año, puede que valla con un nuevo amigo, bueno nuevo amigo... Le conocí hace un año y medio por internet, y como casi todos mis amigos, le conocí gracias al rock and roll. No fue a través de un chat para conocer gente, fue gracias a un comentario de Facebook, que yo hice a una foto de una púa de un grupo, pidiéndola para tenerla en mi pequeña colección, y resultó que por esa púa, nuestra primera conversación fue sobre una de sus grandes pasiones, el coleccionismo de este complemento musical. Medio año de cortas y no de intensas conversaciones fue lo que tardamos en quedar. Antes, bastante antes, hubo una buena excusa para que mis quebradas palabras entrasen por sus oídos, como no podía ser de otra manera la oportunidad de conocernos era una noche de rock and roll. Cuando se trata de una noche de festival nunca es demasiado larga, pero se preveía una noche muy intensa, intensa y tensa: este amigo reside en la ciudad perteneciente al pueblo de mi padre, lugar donde suelo ir muy a menudo. No pasaron ni tres escapadas al pueblo “paterno”, hasta que me dijo este chico, con el cual solo había hablado de púas, para quedar e ir de festival. Solo era una noche, pero el cartel de aquella noche no dejaba de ser un cartel de festival, y encima se hacía a unos cuantos kilómetros de su ciudad y de mi pueblo. La Cenicienta tenía hasta las doce para tener sus necesidades sociales cubiertas, en cambio yo cuando salgo de mi casa sin ninguna de mis “hadas madrinas”, mis necesidades vitales se quedan en espera. Este chico me dijo que no le importaba ser mi  “hada madrina” durante esa noche, pero a mí me gustan que mis “hadas madrinas” me conozcan, por lo menos antes de tener que pedirles que usen sus mayores “poderes” para que me ayuden. Dejamos la cita inusual para otro día más corto y más tranquilo. En un concierto conseguí dos púas repetidas, y cambié una de ellas con él. Quedamos para hacer el cambio en persona, y aprovechamos y fuimos a su casa para ver su intensa colección. Tardamos en volver a quedar algo más de medio año, esta vez para ir de concierto. Antes del concierto fuimos a cenar (una de esas necesidades vitales). Durante esa cena estuvimos hablando de un tema que ya habíamos comentado, ir los dos a Viña Rock aunque no vallan mis amigos. Finalmente mis amigos irán al festival, pero el hecho fue que compré la entrada con la posibilidad de ir a un campo de batalla para las personas con diversidad funcional, con “una hada madrina” sin haberle pedido por completo sus “poderes” antes.

Héctor - FHPCI
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